Victoria

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La experiencia que hemos vivido en Cáritas Abancay ha sido indudablemente algo que marcará nuestras vidas para siempre.

Picaduras, fotos, rasguños, alguna quemadura del sol y algo de ropa para lavar. Eso es lo único que hemos traído de vuelta a España que se vea a simple vista. Cualquiera sería capaz de verlo.
Pero hay mucho más.
Hay 5 semanas de levantarse pronto y, aunque sean vacaciones, hacerlo siempre con buena cara. Cada día era una razón para quedarte allí y seguir dando todo a cambio de algo tan pequeño y tan valioso como un simple GRACIAS.

La experiencia que hemos vivido en Cáritas Abancay ha sido indudablemente algo que marcará nuestras vidas para siempre. Un admirable ejemplo de acogida, solidaridad y ayuda sin recompensa que bien merece la pena probar al menos una vez en la vida. En sólo 36 días he aprendido valores tan grandes a la par que sencillos y discretos que en tu vida cotidiana apenas llegas a alcanzar; generosidad en su grado máximo, empatía, gratuidad, tolerancia, respeto, colaboración, constancia, entrega, familia.

Todos y cada uno de ellos están llevados hasta el final, sin trabas, son totalmente valores PUROS.
Cáritas Abancay tiene una sede maravillosa donde nuestra estancia ha sido inmejorable. Decenas de trabajadores y colaboradores peruanos que nos han hecho sentir parte de un proyecto con sentido y vida propia. Contrataciones de obras, presupuestos, construcción de viviendas, adaptación de agua potable, colegios, sanidad, capacitación…se mueven en todos los campos de una manera asombrosa. Quieren ayudar. Quieren mejorar. Quieren Perú.
Mi experiencia personal, la mayoría del tiempo colaborando en el centro de salud Sta. Teresa, perteneciente a la diócesis de Abancay, me ha aportado competencias de todo tipo.
Quizá las profesionales, que era las que no buscaba en absoluto, también las haya conseguido, pero sobre todo he aprendido a conocer al otro, a ponerme en la piel del otro, a ver y vivir situaciones que hacen cambiar un modo de pensar, un modo de vivir y hasta un modo de soñar.
Porque no importa que tengas las manos sucias, la camisa rota o los pies descalzos, si sueñas, vives. Y eso es lo que queremos conseguir, que Perú siga soñando.

Victoria

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